El rojo es la raíz. El origen. La fuerza que está debajo de todo lo que construyes y que a veces solo puedes ver con claridad cuando miras hacia atrás. Para mí, mirar hacia atrás significa entender por qué diseño como diseño, para quién diseño y por qué tardé años en encontrar ese lugar.
Empecé como empleada en una agencia de publicidad. El título era creativa gráfica. La realidad era hacer lo que tocaba: supermercados, bancos, celulares, tractomulas, ferreterías, suplementos alimenticios… Entregarlo rápido y seguir. Había aprendizaje, sí, y situaciones que me inspiraban. Pero también había pagos que sentía injustos, horarios sin claridad, la sensación constante de no estar en un espacio realmente mío. Dos años y medio después, renuncié. No como derrota sino como decisión alineada con lo que quería construir para mi vida.
Antes de irme ya estaba trabajando en mis horas libres. El primer cliente llegó gracias a Lina Palacios, quien era gerente de producto en el Grupo Editorial Norma. Había una urgencia, el diseñador interno no tenía disponibilidad, y se abrió una puerta. Gustó el trabajo. Y así empezamos primero Norma, luego Cargraphics, ambas del Grupo Carvajal. Las conexiones se tejían desde las personas, uno de los grandes aprendizajes que me ha dejado mi papá desde niña.
Con Lina creamos Intersección MD (Mercadeo y Diseño). Fue una época muy linda clientes que nos gustaban, un equipo que construimos con dos diseñadoras más, proyectos que nos emocionaban. Y luego la vida nos regaló a cada una nuestra primera hija. Nuestra contadora y su asistente también quedaron embarazadas al mismo tiempo. Es una historia que parece inventada, pero pasó.
Yo me sentía imparable. Estaba convencida de que nada iba a cambiar, que podía con todo y más. Incluso en embarazo inicié un máster en dirección de empresas para emprendedores. Isa nació y con ella, una realidad completamente nueva. Requirió cuidados especiales y controles con cinco especialistas durante su primer año, además de terapias semanales. Lina decidió regresar a Cali. Cerramos Intersección MD. Quedaron recuerdos muy lindos, aprendizajes enormes, y un agradecimiento profundo a las dos diseñadoras que fueron parte del equipo y a los clientes que creyeron en nosotras.
El diseño no es entregar un encargo, es traducir.
Hoy trabajo con personas con las que hay una resonancia real. A veces esa resonancia viene del mundo que compartimos: lo energético, lo espiritual, lo sutil. La energía, los chakras, el péndulo, los oráculos, la Bioneuroemoción no son temas que estudié para poder atenderlos mejor. Son lenguajes que me generan curiosidad desde niña. Que me emocionan. Cuando un cliente llega hablando desde ahí, en lugar de tener que ponerme al día, me alineo y resueno. Muchas veces soy más emocionada que el mismo cliente con lo que estamos creando.
Otras veces la resonancia viene de algo más simple y más profundo: de quiénes son, de su historia, de un lazo humano o familiar que hace que su proyecto me importe como si fuera mío. Así fue con Col-spirit, la marca de café de mi prima María Mercedes y su esposo Andreas. No tuvimos que explicarnos nada, crecimos ella mas que yo en un ambiente cafetero. Ella además es de esas personas con las que aunque no hable todos los días, cuando nos encontramos es como si la última conversación hubiera sido ayer y su historia de emprendimiento es de las que uso como referente cuando pienso en mujeres que construyen con propósito pero que ademas le han apostado al amor y de allí nació una empresa de familia. Diseñar esa marca fue exactamente: sentir que el tiempo desapareció porque las horas pasaban sin que lo sintiera y siempre hubo un deseo de dar más. Cuando esto pasa es uno de los mejores indicadores de estar en el camino correcto.
Lo que entrego no es un logo ni una paleta de colores. Es una traducción. El cliente llega con una idea a veces clara, a veces dispersa y yo escucho, leo entre líneas, y empiezo a aterrizar colores desde el porqué. Desde la historia que me están contando. Desde la energía de lo que quieren construir. El resultado casi siempre los sorprende. Ven materializado algo que no habían imaginado cuando llegaron. No porque yo lo haya inventado sino porque estaba ahí, en lo que dijeron, en cómo lo dijeron, en lo que no dijeron pero estaba presente.
Por eso mis clientes no me dejan tareas. Con cada uno Co-Creamos. Me convierto en parte de su equipo, en alguien sumergida en la esencia de su marca mientras trabajamos juntos. Y eso genera algo que va más allá del proyecto: una relación, una amistad, un trabajo que se extiende en el tiempo.
El rojo me enseñó de dónde vengo. Y desde ahí elegí hacia dónde voy.